El almacén de la miseria - José Manuel Sarabia
- Umbrícola

- hace 6 días
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Sinopsis: El almacén de la miseria es un microrrelato publicado en Revista Umbrícola. Ambientado en las entrañas de una sombría y decadente San Bernardo City donde los perros dominan la ley y la calle, un sabueso marcado por el dolor físico y el cinismo se adentra en el depósito de pruebas de la policía. Entre el tufo a corrupción, oficiales anestesiados por la droga incautada y un caso de sangrientas ejecuciones en los muelles, el protagonista busca rastros de verdad —y un poco de humanidad— en un mundo donde algunos mueren de un tajo y otros se pudren por dentro.
El sótano de la comisaría 5 de La Jauría apestaba a burocracia estancada y a orina vieja. Arrastré mi cadera por la rampa de hormigón, sintiendo el pinchazo familiar de la displasia taladrándome el fémur en cada paso. Iba buscando pistas, buscando algo sólido a lo que clavarle los dientes tras el desastre del muelle, dos perros degollados bajo el agua salobre del puerto, pero lo único que encontré fue miseria con placa.
El tufo me golpeó la trufa a diez metros de la jaula de pruebas. Era un hedor eléctrico, seco, a mineral triturado y adrenalina barata. Polvo de hueso.
Al otro lado de la reja, el oficial de guardia —un bulldog obeso que llevaba semanas sin limpiar las correas de su arnés— estaba repantingado sobre el escritorio metálico. Su hocico chato estaba manchado de un polvillo blanco. Tenía las pupilas tan dilatadas que casi le devoraban el iris, y la lengua le colgaba como un trapo sucio, goteando saliva directamente sobre los libros de registro. Respiraba con un jadeo espasmódico, atrapado en el cortocircuito químico de los decomisos que se suponía debía vigilar.
Retraje mis belfos hasta enseñar los premolares. El asco me revolvió el estómago. Aquella bolsa de grasa babeante era la primera línea de defensa de nuestra ley. Emití un gruñido grave que vibró desde mi pecho, pero el bulldog ni siquiera movió las orejas. Flotaba en una anestesia sorda y blanca.
Accioné el pedal de apertura con mi pata buena y la verja cedió con un chirrido. Pasé por su lado ignorándolo, dejando que el rastro áspero de mis Lucky Bones tapara su patética peste a adicción.
Me adentré en el laberinto de estanterías metálicas. El aire allí dentro era un cementerio de olores apagados: sangre seca, pólvora inerte, veneno corporativo y sudor frío de pandillero. Husmeé entre las cajas de cartón corrugado hasta que mi morro dio con la sección de registro. Enganché con los dientes un cartucho de olor limpio, de los que usábamos para capturar firmas químicas intactas en las escenas del crimen. Lo empujé hasta el fondo de la bolsa de mi arnés.
Me desvié hacia los estantes de incautaciones menores de contrabando. Aparté unas cuantas bolsas de pienso adulterado con el hocico y atrapé un cilindro metálico. Una lata de atún. Un lujo de importación pura que le habían requisado a algún ratero de los muelles.
Princesa tenía en su apartamento a uno de esos humanos como mascota, y por alguna razón incomprensible, a la perra le gustaba mantener al animal bien alimentado. El sabor a salitre marino y proteína intacta dentro de esa lata calmaría a la criatura. El peso del latón frío en mis fauces me pareció el único botín honesto en medio de tanta podredumbre.
Metí la lata junto al cartucho.
Al salir de la jaula, el bulldog seguía babeando, restregando sus encías peladas contra el frío del escritorio. No le eché ni un último vistazo. En San Bernardo City, algunos perros mueren de un tajo limpio en la yugular, y otros se pudren lentamente desde el hocico hacia adentro.
Encendí otro cigarrillo, tapando el olor a derrota, y cojeé hacia la salida.
Sobre el autor: Soy el humano que pavimentó las calles de San Bernardo City. Fundador

de San Bernardo Ediciones. Si buscas cachorros adorables, fanfics predecibles o romances de plástico, te has equivocado de callejón. Aquí escribimos biopunk y novela negra visceral. Los perros mandan, los humanos son mascotas, y la lluvia huele a pólvora. Cruza la línea... si tienes estómago para ello.




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