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SUSPIRIA: POR QUÉ PREFIERO LA VERSIÓN ORIGINAL DE DARIO ARGENTO

  • Foto del escritor: Daniela Saint Michel
    Daniela Saint Michel
  • hace 5 días
  • 5 min de lectura




En 1977, el maestro del terror italiano Dario Argento crea Suspiria, película que será considerada, junto con Profondo Rosso, su obra maestra. Luca Guadagnino compra los derechos y hace una nueva versión en 2018. 


Con nombres como los de Tilda Swinton, Thom Yorke o Damien Jalet, un ambicioso guión escrito por David Kajganich, la experiencia y prestigio del mismo Guadagnino y, sobre todo, los recursos técnicos de los que disponemos hoy en día, me esperaba que el remake pudiera superar al original pero, para mí gusto, este no logró salir de la sombra del original. A continuación te digo porqué.



LA HISTORIA


En la película de Argento, Susy Bannion, una chica americana, llega a Friburgo para estudiar en una prestigiosa escuela de danza con internado. Desde su llegada, vemos elementos extraños como la lluvia, las ventanas, la música, la fotografía que altera encuadres y los movimientos de cámara que nos dan un aire sobrenatural. Hay asesinatos, misterios, miedo y curiosidad por parte de la protagonista, hasta descubrir hacia el final que todo proviene de una bruja escondida en la escuela, que es en realidad una congregación secreta. Susy vence a la bruja y la película termina.





La historia de Guadagnino parece mucho más creíble y mejor construida. Desde el inicio sabemos que la escuela es una congregación de brujas, aunque las jóvenes no lo sepan. Y además es una escuela con más lógica, es más bien una compañía de danza, la compañía de Helena Markos, la madre Suspiriarum, y por lo tanto bailan, cosa que extrañamente no existe casi en la versión original. Hay un lazo entre brujería y danza. El lugar funciona como una comunidad feminista de finales de los setenta en la Berlín dividida. Desde el inicio está presente el psiquiatra que indaga y tenemos más contexto en lo que se refiere a las brujas, sus conflictos y lo que hacen. Susy Bannion tiene un pasado hamish, vemos a su madre agonizar por enfermedad o brujería y entendemos que está en Alemania porque tiene poder, es la elegida, se convertirá en bruja.




Personalmente encuentro que tanto detalle narrativo alarga y diluye mientras que la versión de Argento resulta más pura y eficaz: solo busca un mínimo de contexto para crear efectos de terror y de suspenso mediante su arte. Ha recibido críticas por esto pero también ha logrado crear un sello personal y convertirse en director de culto.



LOS ORÍGENES 


Dario Argento comenzó a crear su historia luego de una lectura que inspiró el título de la película: Suspiria de profundis, de Thomas de Quincey. A partir de ahí añadió intereses ocultistas personales y detalles de la infancia de su pareja, Daria Collodi, con quien escribió el guión. Al parecer, la abuela de Collodi estudió piano en una escuela similar a la academia de baile de la película, la cual resultó ser también una congregación de brujas. Se trató de un desarrollo vivo e íntimo, de una búsqueda personal. Cada lugar y cada detalle fueron seleccionados para dar vida a algo original.


Para Guadagnino, en cambio, se trató de comprar derechos, contratar a un guionista e incluir referencias a Argento, para mostrar su admiración tal vez; una recreación, más que una creación con alma. El resultado es una película correcta, la de 2018, a ratos más intensa e impactante, sobre todo gracias a las estupendas coreografías de Damien Jalet, que le dan un grado de arte altísimo, pero sin la energía que hace de la primera algo excepcional.



LA FOTOGRAFÍA


Uno de los aspectos más llamativos de Suspiria (1977) es su fotografía. Entre las mayores inspiraciones de Argento están Blanca Nieves y el impresionismo alemán. Suspiria fue una de las últimas cintas en usar Technicolor. Además, la elección de una película Kodak de muy baja sensibilidad y de telas de colores en lugar de gelatinas en los lentes hizo que los colores fueran de lo más vibrante. Esta experimentación casi artesanal fue otro de los aspectos que le dieron vida y alma a Suspiria. Es entendible que Guadagnino haya querido buscar una identidad propia con una fotografía completamente opuesta, gris y opaca, representando la Berlín dividida de los setenta en la cual ambienta su versión de la historia. El resultado no es malo pero no destaca. Tiene ese aire de maqueta que vimos también en Queer (2024) y que personalmente no me convence.








LA DIRECCIÓN


Hacía la mitad de la Suspiria original hay un salto de eje, es decir que la cámara que graba a Susy y a Sara en diálogo cambia de lado, por lo que parece que los personajes invirtieron lugares. Normalmente esto no se hace porque confunde, pero Argento usa el salto de eje justo en el momento en el que las chicas se dan cuenta de que los pasos que oyen están dentro del edificio, en lugares que no conocen. Acto seguido, aparecen luces verdes y los elementos sobrenaturales aumentan. Básicamente, Argento plantea su trama y la resuelve mediante detalles de dirección que suplen la información que no da.


Por el contrario, Guadagnino nos da un marco histórico y político mucho más preciso, personajes muy bien detallados e interpretados magistralmente, pero con todo ello el terror y lo sobrenatural se diluyen. Cierto, Guadagnino se distingue por su trabajo con los actores pero realmente Tilda Swinton brilla sola y Dakota Johnson resulta a veces excesiva y hasta ilógica. Mientras que Argento es congruente consigo mismo hasta el final, en la versión de Guadagnino hay más tiempo y más elementos que lo vuelven vago.





LA MÚSICA


Confieso que lo que me hizo ver la película de Guadagnino y compararla con la original de Argento fue la música. Radiohead es considerada una de las mejores bandas actualmente y la gente tiene mucho respeto por sus miembros, que ahora hacen música para películas. A los Goblin, menos personas los conocen, ya ni existen. El prog italiano será grandioso pero nunca será mainstream. Más allá de famas y nombres y admiraciones, creo que las bandas sonoras que Claudio Simonetti creó con los Goblin para las películas de Dario Argento son de lo más increíble e intocable que hay en el cine. Mientras que en Guadagnino el nombre de Thom Yorke va en línea con el alto nivel de profesionalidad de su película y da principalmente buena imagen, Dario Argento hace de la música un elemento más de la película. Sus ventanas no serían las mismas sin esos sonidos tan característicos. El simbolismo que se obtiene es absolutamente poderoso.




Tal vez mi mente prefiere ligeramente, o a ratos, la Suspiria de Guadagnino pero elijo por impulso o por corazón la Suspiria original,  siempre. No me queda más que volver a ver Inferno (1980) y completar con La tercera madre (2007), que no ví, la trilogía de las madres que Dario Argento ideó desde el inicio. Me esperan músicas de Keith Emerson, Cradle of Filth y más Simonetti.

 


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