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Poemas de Carla cervantes

  • Foto del escritor: Irving Arreguin
    Irving Arreguin
  • 8 jul
  • 2 min de lectura

Esta es una selección de la poeta mexicana Carla Cervantes, seis poemas publicados en la primera edición de la Revista Umbrícola. Mientras avanza la lectura, reflexiona sobre la desaparición de dos personas que se vuelven fantasmas y sobre una memoria que parece no le pertenece. Fabrica altares para no mirar la tierra que sepulta el dolor, en un viaje que va adquiriendo un tono cada vez más inquietante donde las emociones se transforman en una tormenta interior.


1

Un olor dulce avisa de

un abrazo que se sostiene en el aire,

el abrazo es un subtítulo del calor

y en el calor se forman las marcas que van en el cuerpo.

Ahí está oculto el humo.

El humo es un atizador de recuerdos.

El dolor avisa

que sostenerse en el aire

es el truco predilecto de la ausencia

y el malabar favorito de la memoria.


2

Llevamos en la nomenclatura

un destino breve;

pero más bien,

una compulsión

por desaparecer

sin explicaciones.

Pocos atestiguaron el fenómeno;

por ello creyeron

que lo que veían

era extraordinario.

Nosotros lo supimos siempre:

adoptamos

la forma del fuego fatuo

solo entonces

pudimos llamarnos

fantasma el uno al otro.


3

Despierto después de soñar en la lengua primitiva de un tiempo anterior.

Conmovida, tocada, tomada por el otro corazón.

Me dice que ya no me aparezco para acariciarlo, le digo que intenté matarlo.

Me dice que no sé esconder cosas, le digo que la lluvia remueve la tierra.

Me dice que no me empeñe;

que nos vamos a morir juntos los tres:

él, yo y el otro corazón.

Vuelvo a dormir.

Quiero soñar como una sepulturera.

 

4

Mi memoria

es una composición colectiva,

instalación que crece cuando se vulnera

soy un ángulo alcanzado por la luz,

intervengo, pero ningún recuerdo me pertenece.

La memoria es un juguete cuántico,

indestructible.

Recordar es pasatiempo.

 

5

Fabrico altares

remachados con símbolos.

Abro ojales al significado.

Sé sembrar puertas,

habilitar orillas

y dar mantenimiento a los resquicios.

Alquimizo nimiedades.

Confecciono rituales con residuos.

Hace tiempo que aprendí todo esto

para evitar escardar el corazón,

para no ver debajo

la tierra fresca

que sepulta tu ausencia.

 

6

Sulfurosa, me desprendo,

relampagueo para alcanzar

con mi lengua la punta estática

de la soledad.

 

Y sabiendo a lo que sabe

esta herida de tormenta,

este ardor ferroso después de encandecer:

trueno.



Sobre el autor: Carla Susana López Cervantes (Guadalajara, Jalisco, 1985) es docente y autora de poesía. Su escritura explora las posibilidades del lenguaje y la construcción de imágenes como una forma de expandir el sentido. Amante de la música, la literatura y la naturaleza, comparte regularmente su trabajo en redes sociales.

 

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