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Reseña de Asiento 7A de Sebastian Fitzek: El arte de la fobia

  • Foto del escritor: Irving Arreguin
    Irving Arreguin
  • 4 jul
  • 5 min de lectura
Portada: Asiento 7A
Portada: Asiento 7A

Hablar de Sebastian Fitzek es adentrarse en una especie de laboratorio de sadismo psicológico minuciosamente diseñado. El autor alemán, un auténtico titán de la literatura de suspense, ha consolidado su carrera gracias a una fórmula infalible: elige los miedos más mundanos de la psique y los amplifica hasta el paroxismo.

En Asiento 7A, editado en español por Ediciones B de Penguin Random House, Fitzek nos sube a bordo de un vuelo transatlántico comercial a 40,000 pies de altura desmembrando la sintomatología de un hombre con aerofobia que desea llegar a ver a su hija que está por dar a luz a su único nieto. Él sabe que es el único familiar en su vida y que no está acudiendo a su padre por simplemente amor, pues en el pasado se equivocó. Ahora tendrá que afrontar sus miedos en el avión para llegar antes del nacimiento de su nieto.


La fobia como móvil narrativo - reseña Asiento 7A

Si algo obsesiona a Fitzek, es desarmar a sus protagonistas a través de sus peores traumas y patologías. Lo vimos con la esquizofrenia en su debut fundamental Terapia (2006) y con la ceguera y la agorafobia en El envío (2016). En Asiento 7A, el combustible de la trama es la aerofobia terminal de Mats Krüger, un reputado psiquiatra incapaz de concebir el vuelo sin una serie de manías obsesivo-compulsivas. Krüger viaja de Buenos Aires a Berlín con múltiples billetes comprados; se mueve de asiento según la fase del vuelo y se asegura de reservar el infame asiento 7A —estadísticamente el más letal en caso de impacto— solo para garantizar que nadie se siente allí y muera.

Toda esta meticulosa armadura psicológica se desploma cuando una llamada a mitad del trayecto le revela que su hija embarazada ha sido secuestrada en tierra. La condición para mantenerla con vida es aberrante: Mats, el hombre que más teme a las alturas, debe pilotar el destino del avión hacia el desastre absoluto.


Amar al villano y la paradoja moral - Reseña Asiento 7A


El gran triunfo de Fitzek en este libro —y en general en su bibliografía— no radica únicamente en sostener el ritmo vertiginoso del encierro. Su genialidad está en su capacidad para manipular el indicador moral del lector. Fitzek posee el perturbador talento de construir antagonistas o personajes moralmente deplorables que, contra todo pronóstico, terminan ganándose nuestro afecto o comprensión.

Es imposible leer Asiento 7A y sus retorcidos dilemas éticos sin evocar lo que el autor ya logró magistralmente en El proyecto Joshua (2015). En aquella novela, Fitzek se atrevió con el tabú más absoluto al presentarnos a un filántropo y pediatra con tendencias pedófilas que lucha activamente contra sus propios impulsos oscuros; un personaje objetivamente monstruoso que el autor disecciona con tal humanidad que el lector se descubre, horrorizado de sí mismo, empatizando y deseando su salvación. En Asiento 7A, los hilos del bien y del mal vuelven a difuminarse en una red de secretos del pasado y síndromes clínicos extremos (como el terrorífico síndrome de enclaustramiento), demostrando que, para este autor, nadie es completamente inocente ni puramente malvado.


Entre la tradición claustrofóbica y el sello alemán - Reseña Asiento 7A

La premisa del peligro a bordo de una aeronave no es nueva. Al leer Asiento 7A, es inevitable trazar paralelismos con clásicos del suspense ajenos al universo Fitzek. La novela comparte esa atmósfera de sospecha colectiva y paranoia espacial que consagró a la mítica Plan de vuelo: Desaparecida (dirigida por Robert Schwentke), donde el entorno cerrado desdibuja la línea entre la realidad y el delirio. Asimismo, comparte la tensión contrarreloj de thrillers literarios de alto ritmo frenético como Caída libre de Nelson DeMille o el pánico tecnológico de Pánico a bordo de John J. Nance. Sin embargo, donde aquellos autores optan por la geopolítica o el heroísmo clásico de acción, Fitzek se desmarca apostando por el horror puramente clínico y mental.


Veredicto Umbricola

Asiento 7A no da un solo descanso. Apoyándose en capítulos cortos que terminan siempre en un cliffhanger agónico, Fitzek teje una tela de araña que se consume en un par de asentadas. Aunque algunos giros finales bordean lo inverosímil —un vicio recurrente del autor que sus fieles le perdonan gustosamente—, la experiencia de lectura es tan asfixiante como magnética. Un thriller indispensable para los amantes de las tramas claustrofóbicas.


Semblanza del autor 

Sebastian Fitzek
Sebastian Fitzek

Nacido en Berlín en 1971, Sebastian Fitzek no siempre estuvo destinado a convertirse en el rey indiscutible del psychothriller europeo. De hecho, su camino profesional comenzó en las aulas de Derecho —donde se doctoró en propiedad intelectual— y continuó en la industria radiofónica como director de programación. Sin embargo, su fascinación por los mecanismos del miedo y los recovecos más oscuros de la mente humana lo empujaron a la literatura. Desde su debut, Fitzek ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo, consolidando un estilo único: tramas hiperbólicas, capítulos cortos que terminan en agónicos cliffhangers y un uso magistral de las patologías psiquiátricas como motores de suspense.

Para adentrarse en su perturbador universo, estas son sus obras fundamentales e imprescindibles:

  • Terapia (Die Therapie, 2006): Su deslumbrante debut literario que desbancó al mismísimo Dan Brown en las listas de ventas alemanas. La historia del psiquiatra Viktor Larenz y la desaparición de su hija de doce años introduce el gran sello del autor: el uso de trastornos mentales (en este caso, la esquizofrenia) para distorsionar por completo la percepción de la realidad del lector.

  • El pasajero 23 (Passagier 23, 2014): Una obra que explota una de sus grandes especialidades: los escenarios claustrofóbicos. Ambientada en un crucero transatlántico, Fitzek utiliza la aterradora estadística real de las personas que desaparecen misteriosamente en el mar cada año para construir un rompecabezas de paranoia criminal en alta mar.

  • El proyecto Joshua (Das Joshua-Profil, 2015): Quizás su obra más arriesgada a nivel moral. Fitzek desafía los límites de la empatía al presentar a un protagonista con tendencias pedófilas que lucha activamente contra sus impulsos oscuros. Un thriller sociológico y predictivo sobre el cibercrimen y la justicia preventiva que obliga al lector a encariñarse con un personaje socialmente monstruoso.

  • El envío (Das Paket, 2016): Un viaje asfixiante a través de la agorafobia y el trauma. La protagonista, una psiquiatra víctima de una agresión, vive recluida en su casa hasta que acepta un paquete destinado a un vecino, desatando una pesadilla que desibuja la línea entre el peligro real y el delirio postraumático.

  • Reseña de Asiento 7A (Flugangst 7A, 2017): El culmen de su obsesión por las fobias y el encierro. Al meter a un psiquiatra aerofóbico en un avión comercial con la amenaza de estrellarlo, Fitzek demuestra que el espacio más reducido puede albergar el horror más expansivo.

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