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Piedras de carne: un cuento corto de horror psicológico

  • Foto del escritor: Irving Arreguin
    Irving Arreguin
  • 1 jun
  • 2 min de lectura

No quiero levantarme de la cama, la luz del día todavía no llega, pero llevo más de veinticuatro horas sin orinar. Mi cuerpo se ha convertido en una cárcel acuática que quiere desbordarse.

Presiento que mi vientre va a explotar, pero tan solo de imaginar que saldrán rocas en lugar de líquido, me hace llorar. Estoy despierto desde hace dos horas. Percibo cada miserable latido como un espasmo agonizante que amenaza con desgarrarme desde dentro.

El dolor está logrando lo que mi madre no: que no me operara. Esta maldita transformación me destroza. Es increíble lo mucho que cambia la mente cuando el dolor te liquida a cada segundo; peor es la angustia que te provocan los síntomas que te avisan que se aproxima un desenlace mortificante.

Me pongo de pie y mis piernas están duras como piedras. «No hago otra cosa más que pensar en ellas, carajo».

Encorvado me acerco al baño, quiero aguantar un poco más —al menos hasta que la luz del día pueda calentar mi cuerpo mientras proyecto los malditos guijarros—, pero detecto humedad en la punta del pene, creo que es sangre.

Tropiezo con los tacones que pensé que había guardado. Prendo la luz en contra de mis deseos, pero la visión parece fugarse a cada suspiro de dolor, «no quiero verlo, pero estoy sintiendo su cuerpo irregular recorrer la longitud de mi miembro áspero».

Alzo la tapa y exhalo un gemido animal. El dolor es insoportable. Mis palmas se adhieren como ventosas al azulejo, ya está saliendo.

Lo siento atravesándome. Tomo mi glande para expulsar los trozos, pero «¿Qué es esto? ¡¡Una mano!!».


Notas informativas:

El género del horror psicológico y corporal (body horror) surge de la exploración de los límites del cuerpo humano y su fragilidad, combinando angustia mental con transformaciones físicas grotescas. Se nutre de la literatura gótica, el cine experimental y el terror contemporáneo —como este cuento corto de horror psicológico—, con referentes como David Cronenberg, Clive Barker y autores que usan el cuerpo como metáfora de identidad, enfermedad y control.

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